
“La Plaza de Armas o Plaza de la Iglesia, ya que el lugar que hoy ocupa el Ayuntamiento lo ocupó primero la iglesia parroquial, la de embarrado y guano, fue el centro de donde irradió la población, extendiéndose por las calles de los Oficios y de los Mercaderes, como las más próximas al punto de desembarco de los bajeles; por la Real, más tarde de La Muralla, lugar de salida al campo en un principio; por las de la Habana, Aguiar y Cuba, que se orientaban el torreón de la Caleta, lugar donde de día y de noche había vigilantes cuidadosos de la aparición de los piratas. A la manera que el contenido de un barril rompe a veces la resistencia de la madera y los aros de hierro que le mantienen preso así también La Habana llegó, en su crecimiento, a los fuertes muros que parecían invulnerables y los traspuso. Perdida ya la eficacia de las murallas, la piqueta se encargó de echarlas a tierra. El Conde Ricla, en 1763, hizo la primera división de La Habana, en cuatro cuarteles. En 1769 se modificó, haciéndose en dos cuarteles con cuatro barrios cada uno. El de La Punta, con los de Dragones, el Ángel, la Estrella y Monserrate; y el de Campeche, con los de San Francisco, Santa Teresa, Paula y San Isidro. En 1807 los barrios intramuros eran 16 y los extramuros o Capitanías de Partido eran: Jesús María, Guadalupe y San Lázaro. El que iba de la Villa, costeando la playa hasta la caleta de Juan Guillén o de San Lázaro, a través de un espesó bosque. De él hace mención Mazariegos en 1555.”
“Los capitulares, o individuos que formaban el Cabildo, no disponían de lugar adecuado para reunirse, utilizando para tal fin algunos bohíos que servían de residencia al Gobernador. En 19 de abril de 1566 acordaron arreglar y reparar como lugar para sus sesiones y otros menesteres, las casas de tabla y guano de su Majestad que sirvieron de aposento a Diego de Mazariegos, en tiempo de su gobierno, con lo cual queda dicho que ni el mismo representante del Rey en la Isla se encontraba por entonces debidamente instalado. En 1598, según se expresa en un libro de José María de La Torre, todas las casas de la villa eran de paja y tablas de cedro, pero ya por esa fecha habían comenzado importantes edificaciones, como la del Castillo de La Fuerza, en 1558, que se terminaría en 1577, y la del Convento de San Francisco, en 1574. Los ataques de los piratas, de que se ha dicho algo antes, y el hecho de que los españoles descubrían, conquistaban y colonizaban bajo el emblema de la cruz, justificaban plenamente que fueran una fortaleza y un convento las primeras construcciones emprendidas de capital importancia. La antigua Plaza de Armas fue el centro de donde irradió la ciudad. A no más de cinco o seis cuadras de ella se encuentran las mejores construcciones, aun en pie unas y otras casi en ruinas, que nos dejó España. Tales son: el Castillo de La Fuerza; la Casa de Gobierno, residencia de los Capitanes Generales y de los primeros Presidentes de la República, y hoy Palacio Municipal; el Palacio del Segundo Cabo, después del Senado y hoy alojamiento del Tribunal Supremo; la Catedral, con su bella plaza y las casas de los Condes de Casa Bayona, de Lombillo, y del Marqués de Arcos, casas éstas de las pocas que van quedando en La Habana "cuyas fachadas, portadas, ventanas y balcones son modelos característicos de las construcciones coloniales habaneras de los siglos XVII, XVIII y XIX.
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